miércoles, 29 de agosto de 2012
   
 
 
Rememoró parte de su vida en su pueblo querido: Adaure
Foto: Gledys Hernández
 
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Adelis Revilla Bracho
Selecciones de Japón, Francia y EEUU han jugado softbol en Adaure

Epifanio Petit
Fecha de publicación: domingo, 03 de junio de 2012
Actualizado: 10:18 pm
 


Podemos definir al entrevistado de hoy como un hombre sencillo de pueblo. En los años que tenemos conociéndolo que son unos 12 aproximadamente, nunca le hemos visto con mala cara a pesar de las adversidades. Hablamos de Adelis Revilla Bracho, nacido en una batea, en Adaure, municipio Falcón, el 13 de julio de 1947.




¿Cómo es eso de que viniste al mundo en una batea?



Porque mi viejita que Dios me la cuide, no le dio tiempo estaba lavando la ropa y cayó en la batea, corrieron a buscar la ayudante de la comadrona, porque esta se encontraba en Moruy, no iba a llegar, así fue como Felipa me tuvo. Nací cubierto con eso que llaman mantilla, por eso es que me va bien siempre, vine al mundo enmantillado.



¿Tu papá?



Se llamaba Esteban, era comerciante, en mi casa vendían afrecho, maíz, panela, telas ropa, también trabajaba el campo, por cierto así murió, se desmayó en el conuco cuando estaba sembrando maíz, allí se le descubrió una enfermedad que no pudo superar, duró poco, después de eso.



¿Cuáles eran tus juegos de niños?



Los normales para esos tiempos, trabajamos en la huerta y estudiábamos en la escuela de Adaure. Por cierto que me tocaba buscar unas cabras para encerrarlas y estas se quedaban en un sitio, en el camino nos reuníamos a jugar metras. En una oportunidad el juego estaba muy bueno, tanto que se me olvidó buscar los animales; se me hizo de noche e inventé una jugarreta, llegué gritando a la casa:"ayúdenme, ayúdenme, que se van las cabras" salieron todos incluido mi papá por supuesto, dije: "Que broma ya se fueron", pero mi viejo que no era fácil de engañar solo dijo: "Mañana revisamos en lo que amanezca, para ver si hay huellas". Al día siguiente me echó una pela por el invento de los chivos.



¿Tu primer trabajo?



Decidí que me venía a Punto Fijo a trabajar. Llegué a casa de mi hermana en Bella Vista y comencé a trabajar como repartidor de la Farmacia del Pueblo en una bicicleta, el dueño era Víctor Sánchez, tenía 17 años, pero tenía un problema repartía rápido las medicinas, pero no regresaba rápido porque como tenía la fiebre de manejar la bicicleta me quedaba paseando por las calles de Punto Fijo, hasta que me llamaron la atención y lo corregí.



Luego voy a trabajar al Hotel Caribe como maletero o botones, tenían convenio con las petroleras llegaban muchos extranjeros daban propina en dólares, pero en aquel tiempo valía poco. Después un italiano llamado Crisóforo Percentil dueño del restaurant Picnic Olímpico que estaba cerca del hotel me ofreció ganar 10 bolívares diarios, acepté la oferta. Todas las noches iba al cine a ver las películas, si era buena compraba los tickets para verla dos veces, de 6.00 a 7.00 y la otra función, generalmente eran las de Santo El Enmascarado de Plata o las mexicanas como las de Pedro Infante muy buenas.



Posteriormente Adelis decide probar suerte en la fuente de Soda del Cada, en Judibana, le pagaban 14 bolívares diarios, pero trabajando como ayudante de cocina lavando platos, con la promesa de que cuando uno de los mesoneros faltara le tocaría a él sustituirlo, nos contó que así pasaron varios meses.



Caramba le decía yo al encargado Amílcar Medina "Cuando me tocará" siempre me respondía: "Ya vendrá su oportunidad paisano". ¿Quién se va a querer irse si tenían todos beneficios? Hasta que un día me avisan que uno se marcha, pero porque va a entrar a la compañía... "Mañana debuta paisano", me dijo el hombre. Al otro día llegué bien vestido con mi camisa blanca pantalón negro y la hallaquita. El primer cliente que me tocó me pide un plato llamado Tibon, era el más caro, cuando estoy a punto de servirlo le pregunto que cómo lo va a querer cocido o término medio, responde que él pidió fue un Sifón, una cerveza, casi que sufro un infarto primera oportunidad y la acababa de echar perder, pero como Dios es grande y poderoso el segundo comensal que entró, pregunta: ¿Qué me recomienda para comer? De inmediato le dije: tengo un Tibon que está para chuparse los dedos. "Paisano buen debut con un Tibon", dijo el jefe cuando llegó.



Adelis Revilla Bracho ha organizado una gran cantidad de eventos deportivos en toda Paraguaná, pero sobre todo en su lar nativo Adaure.



Hay uno que fue especial, estaba trabajando con una contratista, fueron a jugar tres selecciones de extranjeros que estaban en la petrolera, había un equipo por Japón, otro por Estados Unidos, uno por Francia y el de Venezuela que representaba la gente de Adaure, e hicimos una narración en las tribunas de manera simultánea, claro ellos en sus idiomas y me tocó a mí en Español.



Entre las anécdotas de Adelis Revilla está una de cuando trabajaba en la Flúor y había adquirido su vehículo marca Malibú y lo cambiaron de oficina con un francés que el primer día lo saludó: Comment allez Vous?"(¿Cómo está usted? En francés) de inmediato le respondió: Está muy bien le acabo de instalar cuatro cauchos nuevos". Cuando le hicieron la traducción al nuevo jefe le causó mucha gracia, haciéndose amigo de Revilla a partir de ese momento.



¿Qué extrañas de aquel Punto Fijo que recorrías en bicicleta?



El respeto la tranquilidad y decencia de la gente, ahora cuando manejo mi taxi es mucho más difícil.



¿Sueños?



Poder seguir adelante haciendo más amigos, tengo muchísimos gracias a Dios, en la radio en todos lados. Mucha salud para todos.



Tiene cuatro hijos, está casado desde hace 31 años con Carmen Chirinos.



Le gusta la música ranchera. Piensa que le quedó el gusto desde aquella época de las películas, pero también le encanta la música venezolana. Es miembro honorario del Colegio de Locutores de Paraguaná.



Recomienda a los muchachos el respeto por la familia, estudiar y hacer deportes, bases fundamentales para ser un buen ciudadano.



Adelis Revilla Bracho no olvida sus raíces, los ojos le brillan y alegre vuelve a ser aquel muchachito que jugaba metras, cuando algo bueno le pasa a su Adaure querido.
 
 
 
 
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