miércoles, 29 de agosto de 2012
   
 
 
Un mesonero con 42 años de experiencia
Foto: Claudio García
 
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Ducman (oído) Castillo:
Aun no llego a mesonero, soy un tira platos

Epifanio Petit
Fecha de publicación: domingo, 01 de julio de 2012
Actualizado: 10:09 pm
 


Llegamos a Vitelsan, en la avenida Táchira con Pomarrosa, de Punto Fijo. Su inconfundible grito de guerra retumba en todo el espacio ¡Oído! "un café con leche y un agua mineral". Ducman "oído" Castillo, más conocido por el apodo que por su nombre propio, tanto así que a su esposa María Eugenia Amaya la llaman "oreja" porque está pegada a él. Nos contó que ella es albañil y hasta ahora ha construido tres casas.




¿Cómo lo adquieres, porque ese es un llamado de atención militar?



Precisamente hace 29 o 30 años los que tengo trabajando aquí no me hacían caso y un capitán que estaba en una mesa gritó ¡Oído!, todos los que estaban en la barra habían servido y de inmediato voltearon al mismo tiempo, me dijo: "Allí tienes", a partir de ese momento lo utilizo hasta nuestros días.



¿Dónde naciste?



En Caracas, el 26 de junio de 1955, pero soy paraguanero. Nací por una circunstancia, pero siempre he vivido aquí, mi mamá Juanita Castillo, fue todo para mí, esa señora incluso hasta el día de su muerte estuvo estudiando y dando clases de manualidades, era de Charaima. Fue un gran ejemplo de trabajo y lucha para mí. Estudié en la escuela unitaria del 23 de Enero, con el maestro Israel Weber, Ada Payares, luego en el Delta Amacuro, con Raúl Lugo, un excelente maestro. Fui a la Industrial, pero no por mucho tiempo, no terminé.



¿Tu primer trabajo?



No me acuerdo la edad, era entre 12 o 13, me pusieron a trabajar cargando bloques porque me habían quedado un poco de materias.



¿Qué tiempo llevas de mesonero?



No, yo con 42 años sirviendo en estos menesteres todavía no llego a mesonero, aún soy un tira platos, porque muchos se la echan desde el primer día, no es así para esto hay que prepararse tener sicología, atender con mucha amabilidad. Comencé en la Tomboys, pasé por distintos lugares hasta llegar aquí hace tres décadas. También laboré en la Flúor. He tenido mis negocios de venta de comida y una posada.



¿Cómo reconoces a un buen cliente?



Todos son buenos, a mí solo me anima hacerlos sentirse bien atendidos, como debe ser. Les busco la vuelta.



¿Anécdotas?



Son muchas. Acuérdate que el que trabaja con público a diario tiene distintas conversaciones con diferentes caracteres. En una oportunidad llegó Aldo Cermeño, era gobernador, en ese tiempo le serví un plato de mondongo, dos arepas y un batido de lechosa. Uno de los que andaba con él se puso malcriado: "como era posible que yo pusiera eso, que el gobernador no lo iba a comer".



Cuando se sentó y vio la discusión les dijo: "Todos los que andan conmigo tienen que comer lo que yo como, sírvales". En una oportunidad venía con cinco cervezas en la bandeja resbalé, pase por debajo de la mesa, milagrosamente no derramé ninguna, desde el suelo las serví, los tipos muertos de la risa: "Estos mesoneros aquí sin son bravos, las sirven desde el piso". Nuestra conversación la hicimos a pedacitos, ya que a cada rato se levantaba a atender los clientes con su inconfundible grito de ¡oído! cuando le hacían el pedido.



Sus hijos: Anthony, Reinaldo, Alejandro y Duman Esther Emmanuel, representan un gran orgullo en su vida.



Ellos son lo primero, tengo diez nietos, estoy peleando porque tengan más, quiero llegar a 20, mi esposa también es lo primero porque sin ella no habría tenido ni hijos ni tampoco nietos.



¿Lo más bonito en tu vida?



Haber nacido, vivir la vida eso es hermoso.



¿Miedos?



A nada, lo que viene llegara. A Dios lo nombro a cada rato. Hazme un favor nombra allí agradecimiento a Vitelio, mis compañeros de trabajo, a toda mi familia, a Orlando Arcaya. Bueno yo sé que no te alcanza la página.



¿Cuál música te gusta?



Mi compadre Javier Solís, Los Beatles y Reinaldo Armas.



A nuestro entrevistado tuvimos que ubicarlo personalmente, pues los celulares no le gustan y no los usa.



Nos vinimos. El grito ¡Oído! Retumba a nuestras espaldas, sonreímos y lo dejamos en su tarea diaria de atender mesas, arte que ha perfeccionado para convertirse en el mesonero con más años de servicio en Punto Fijo ; cuarenta y dos en total, para nosotros ya dejó de ser un tira platos para graduarse, aunque él lo niegue.
 
 
 
 
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