miércoles, 29 de agosto de 2012
   
 
 
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La fórmula de la felicidad (II)

Dr. Carlos Delgado
Fecha de publicación: sábado, 11 de agosto de 2012
Actualizado: 10:23 pm
 
Al parecer, cada persona hereda una guía que la conduce hacia un nivel determinado de felicidad o tristeza. El siguiente ejemplo nos ayuda a comprender este planteamiento:

<<Ruth, una madre soltera de un barrio popular de chicago, necesitaba más esperanza en su vida, y la conseguía a muy buen precio gastándose cinco dólares a la semana en billetes de lotería. Necesitaba dosis periódicas de esperanza porque normalmente se sentía abatida; si se hubiese podido costear a un terapeuta, se le habría diagnosticado depresión leve. El continuo abatimiento no había empezado tres años antes, cuando su esposo la dejó por otra mujer, sino que pareciera haber estado siempre ahí, por lo menos desde la escuela secundaria, hacía unos veinticinco años.
Entonces se produjo un milagro: a Ruth le tocaron 22 millones de dólares en la lotería. No cabía en si de gozo. Dejó su trabajo de empacadora de regalos en una gran tienda y se compro una casa de 18 habitaciones en un barrio lujoso, ropa de versace y un jaguar de color azul verdoso. Incluso pudo enviar a sus hijos gemelos a un colegio privado. Sin embargo, a medida que transcurría el año su estado de ánimo fue decayendo. Al final del año, a pesar de la falta de adversidades obvias, el terapeuta que la trataba le diagnóstico una depresión crónica» (Martin Seligman, psicólogo)
Historias como la de Ruth han hecho que varios psicólogos se pregunten si cada individuo cuenta con un rango de fijo y personal de felicidad, un nivel específico y en gran parte heredado al que retornamos invariablemente. La idea planteada es que todo tenemos un nivel fijo de emoción positiva y negativas, y el cual podría constituir el componente genético de la felicidad.
Otra barrera que impide incrementar el nivel de felicidad es la <<rueda de molino hedonista>>, que hace que las personas se acostumbren con rapidez y de modo inevitable a lo bueno. A medida que las personas acumulan bienes materiales y logros, las expectativas aumentan. Los deseos u objetivos logrados, y por lo que se ha luchado tanto, ya no proporcionan felicidad. Se hace necesario lograr algo mejor para tratar de llegar a niveles de felicidad que superan el rango fijo. Pero en cuanto se obtiene el siguiente bien material u objetivo, la persona vuelve a adaptarse, y así sucesivamente.
Si no funcionara dicha rueda, las personas que logran más cosas buenas en la vida serían en general mucho más felices que las menos afortunadas. Pero en realidad éstas suelen ser igual de felices que las de mayor fortuna. Según han demostrado varios estudios, las cosas buenas y los grandes logros ejercen una influencia sorprendentemente baja en el incremento de la felicidad. Veamos algunos resultados de esas investigaciones:
Los sucesos importantes, como ser despedidos o ascendido, pierden su efecto sobre el nivel de felicidad en menos de tres meses.
La riqueza, que sin duda ayuda a acumular más posesiones, guarda una relación muy baja con los niveles de felicidad. En general, los ricos solo son ligeramente más felices que los pobres.
Los ingresos reales aumentaran de forma espectacular en las naciones prosperas durante la última mitad del siglo pasado, pero el nivel de satisfacción con la vida permaneció casi invariable en muchas naciones ricas.
El atractivo físico, que al igual que la riqueza proporciona una serie de ventajas, no incide demasiado en la felicidad.
La salud física, que quizás sea el más valioso de todos los recursos, apenas guarda relación con la felicidad.
Sin embargo, la adaptación tiene límites. Existen ciertos sucesos negativos a los que nunca nos acostumbramos o a los que sólo nos adaptamos de manera lenta. La muerte de un hijo o del cónyuge en un accidente automovilístico es un ejemplo de ellos. Entre cuatro y siete años después de tales sucesos, las personas afligidas siguen mucho más deprimidas e infelices que los sujetos control. Los familiares que cuidan enfermos de Alzheimer muestran un bienestar subjetivo que va deteriorándose con el tiempo.
En conjunto, la variable R compuesta por la guía o timonel genético, la rueda del molino hedonista y el rango fijo, tiende a evitar que el nivel de felicidad aumente. Pero existen dos variables C (Circunstancias) y V (Voluntad) que si elevan el nivel de felicidad. Recordemos la formula: F= R+C+V.
Hay circunstancia (variables C) que producen mayor felicidad. En una encuesta realizada en Estados Unidos, se solicitó a los participantes que respondieran a las siguientes preguntas:
¿Qué porcentaje de estadounidenses padece una depresión clínica a lo largo de la vida?
¿Qué porcentaje de estadounidenses afirma estar satisfecho con la vida más allá de un estado neutral?
¿Qué porcentaje de enfermos mentales dice tener un equilibrio emocional positivo (más sentimientos positivos que negativos)?
¿Cuál de los siguientes grupos de estadounidenses dice tener un equilibrio emocional negativo (más sentimientos negativos que positivos)?
Afroamericanos pobres
Hombres en paro.
Personas ancianas.
Personas con múltiples discapacidades graves.
En base a los resultados, los investigadores concluyeron que los entrevistados calificó de manera significativamente baja el nivel de felicidad de los demás. Ellos creen que la prevalencia de la depresión clínica a lo largo de la vida es del 49% (cuando en realidad se ubica entre 8% y 18%); que solo el 56% de los estadounidenses afirma hallarse satisfecho con aspectos positivos de la vida (cuando en realidad es el 83%); y que sólo el 33% de los enfermos mentales asegura tener más sentimientos positivos que negativos (en realidad es el 57%). De hecho, la mayoría de los sujetos de los cuatro grupos desfavorecidos afirman ser felices, pero el 83% de los consultados juzgan lo contrario con respecto a los afroamericanos pobres, y el 100% opina igual con relación a los hombres en paro. Solo el 38% y el 24%, respectivamente cree que los más ancianos y los que sufren múltiples discapacidades dicen tener un emocional positivo. La conclusión es que en conjunto, e independientemente de circunstancias objetivas, la mayoría de los estadounidenses afirman ser felices y, al mismo tiempo, subestima de forma significativa la felicidad de los demás. En la próxima entrega de este artículo, continuaremos analizando la variable C (Circunstancia), de la formula de la felicidad. Hasta entonces, y que Dios lo bendiga y le guarde.
 
 
 
 
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