miércoles, 07 de noviembre de 2012
   
 
 
 
La fórmula de la felicidad (III)
Autor: Dr. Carlos Delgado
Hora actualización: 07/11/2012 | 9:09 am



Las investigaciones serias sobre la felicidad se iniciaron en el año 1967. En esa época el psicólogo Warner Wilson comunicaba a los especialistas en salud mental que todas las personas felices eran:

•    Los bienes pagados.
•    Las casadas.
•    Los jóvenes.
•    Las sanas.
•    Los que tienen un buen nivel de estudio.
•    De cualquier sexo.
•    De cualquier nivel intelectual.
•    Los religiosos.
Sin embargo, los estudios realizados en los últimos cuarenta años han modificado en parte, los hallazgos señalados Wilson. A continuación, revisaremos el grado de incidencias que las circunstancias externas tienen sobre la felicidad.
•    Dinero. En la felicidad influye más la importancia que la persona le otorga al dinero, que el dinero en si mismo. El materialismo parece ser contraproducente: quienes valoran el dinero más que otros objetivos están menos satisfechas con sus ingresos y con su vida en general.
<<El dinero no da la felicidad». Proverbio
•    Matrimonio. Unos suelen comparar el matrimonio con una celda o prisión, otros con el cementerio y varios con la alegría eterna. En general, los datos existentes apoyan más la opción de la alegría. A diferencia del dinero que, como mucho, ejerce un pequeño efecto, el matrimonio está intrínsecamente relacionado con la felicidad. El Centro Nacional de Análisis de Opinión realizó un estudio en 35.000 estadounidenses a lo largo de los últimos treinta años. El 40% de las personas casadas dijeron ser <<muy felices» mientras que sólo el 24% de las personas solteras, divorciadas, separadas y viuda afirmaron serlo. La ventaja de los casados se mantiene independientemente de la edad y el nivel de ingresos, y es igual en hombres y mujeres.
Existen dos posibilidades adicionales para explicar la relación que existe entre matrimonio y la felicidad. Una establece que las personas que ya son felices tienen más posibilidades de contraer matrimonio y permanecer casados; y la otra es que la sociabilidad genera mayor felicidad y más posibilidades de casarse. <<Al fin y al cabo, las personas depresivas tienden a ser más retraídas, irritables y egoístas, lo cual los convierte en parejas menos atractivas >> (Martin Seligman)
•    Vida Social. Las personas más felices se diferencian de las menos felices en el hecho de que tienen una vida social rica y satisfactoria. Pasan menos tiempos solos y la mayor parte de éste haciendo vida social.
Es directamente proporcional la relación vida social - felicidad, al igual que el matrimonio - felicidad. Además, como ya se mencionó, la gente más sociable (que también es más feliz desde un primer momento) tiene más probabilidades de casarse, y en consecuencia, de mantener o aumentar su felicidad.
•    Emociones Negativas. El hecho de sufrir más desgracias de las necesarias no implica que no se puede vivir también muchas alegrías. Existen evidencias solidas que niegan una relación inversamente proporcional entre emisiones positivas y negativas.-
Norman Bradburn, psicólogo y docente estadounidense, realizó miles de encuestas esperando encontrar una relación inversa perfecta entre ambos tipos de emociones, es decir, que las personas que experimentaban muchas emisiones negativas serían las que experimentarían muy poca emotividad positiva y viceversa. Solo encontró, al igual que muchos otros estudios, que si la persona tiene una gran cantidad de emociones negativas en su vida, quizás posea una emotividad positiva menor al común de la gente, pero que por eso no está condenado a una vida sin alegrías. Del mismo modo, si en su vida hay muchas emociones positivas, solo está protegido de forma moderada de los pesares.
En cuanto a la relación emotiva y género, las investigaciones han demostrado que las mujeres, en comparación con los hombres, experimentan mayores emociones positivas y negativas tanto en frecuencia como intensidad. Definitivamente, ellas están hechas de un «material especial».
•    Edad. En el estudio histórico de Warner Wilson que realizó en 1967, se llegó a la conclusión que la juventud era predictora de mayor felicidad. Sin embargo, un estudio realizado con 60.000 adultos de 40 países considera tres elementos constitutivos de la felicidad: satisfacción con la vida, afectividad agradable y afectividad desagradable. La satisfacción con la vida aumenta ligeramente con la edad, afectividad agradable se reduce un poco y la afectividad negativa no cambia lo que si varia a medida que envejecemos es la intensidad de nuestras emociones. Tanto <<el sentirse en el cielo» como <<en la más profunda de las desesperaciones» es menos habitual a medida que se incrementan la edad y la experiencia (Martin Seligman, psicólogo).
•    Salud. Se piensa que la salud es crucial para la felicidad. Para muchos es lo más importante en la vida. Sin embargo, hay que diferenciar entre la salud objetiva y la salud subjetiva. La primera, es la confirmada por el equipo
de salud, y la segunda, es la percepción que la persona tiene de su estado de salud. Incluido el hecho de poder valorar su salud de forma positiva aún cuando se encuentra bastante enfermo, lo que se considera una buena capacidad de adaptación ante la adversidad. Las consultas médicas y las hospitalizaciones no afectan satisfactoriamente con la vida, sino a la valoración subjetiva de la salud, que a su vez está influida por la emoción negativa.
Sabemos de casos de personas con cáncer, que se sienten optimistas y satisfechos con la vida; y de otras que, al contrario, presentando un buen estado de salud desearían no existir.
• Religión. Los afectos psicológicos positivos de la fe disminuyen de manera significativa las probabilidades de consumir drogas, divorciarse, asesinar, robar y suicidarse. También ayudan a disfrutar de mejor salud física, y a vivir más años y a sentirse menos desconcertados ante el divorcio, el desempleo, la enfermedad y la muerte. Los resultados de los estudios señalados que los creyentes son más felices y más satisfechos con la vida que los no creyentes. La práctica de una religión infunde esperanza en el futuro y otorga sentido a la vida. Sheena Iyengar, demostró en su tesis doctoral, que el aumento de optimismo que provoca el incremento de la religiosidad se explica en su totalidad por la mayor cantidad de esperanza. La relación entre la esperanza ante el futuro y la fe religiosa es probablemente la razón de por qué la fe están eficaz para combatir la desesperación y aumentar la felicidad.
En la próxima parte de este artículo describiremos la variable voluntad (V), de la llamada formula de la felicidad.
¡Dios los Bendiga y los guarde!
   
 
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