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La fórmula de la felicidad (III) |
Autor: Dr. Carlos Delgado
Las investigaciones serias sobre la felicidad se iniciaron en el año 1967. En esa época el psicólogo Warner Wilson comunicaba a los especialistas en salud mental que todas las personas felices eran:
• Los bienes pagados.
• Las casadas.
• Los jóvenes.
• Las sanas.
• Los que tienen un buen nivel de estudio.
• De cualquier sexo.
• De cualquier nivel intelectual.
• Los religiosos.
Sin embargo, los estudios realizados en los últimos cuarenta años han
modificado en parte, los hallazgos señalados Wilson. A continuación,
revisaremos el grado de incidencias que las circunstancias externas
tienen sobre la felicidad.
• Dinero. En la felicidad influye más la importancia que la persona
le otorga al dinero, que el dinero en si mismo. El materialismo parece
ser contraproducente: quienes valoran el dinero más que otros objetivos
están menos satisfechas con sus ingresos y con su vida en general.
<<El dinero no da la felicidad». Proverbio
• Matrimonio. Unos suelen comparar el matrimonio con una celda o
prisión, otros con el cementerio y varios con la alegría eterna. En
general, los datos existentes apoyan más la opción de la alegría. A
diferencia del dinero que, como mucho, ejerce un pequeño efecto, el
matrimonio está intrínsecamente relacionado con la felicidad. El Centro
Nacional de Análisis de Opinión realizó un estudio en 35.000
estadounidenses a lo largo de los últimos treinta años. El 40% de las
personas casadas dijeron ser <<muy felices» mientras que sólo el
24% de las personas solteras, divorciadas, separadas y viuda afirmaron
serlo. La ventaja de los casados se mantiene independientemente de la
edad y el nivel de ingresos, y es igual en hombres y mujeres.
Existen dos posibilidades adicionales para explicar la relación que
existe entre matrimonio y la felicidad. Una establece que las personas
que ya son felices tienen más posibilidades de contraer matrimonio y
permanecer casados; y la otra es que la sociabilidad genera mayor
felicidad y más posibilidades de casarse. <<Al fin y al cabo, las
personas depresivas tienden a ser más retraídas, irritables y egoístas,
lo cual los convierte en parejas menos atractivas >> (Martin
Seligman)
• Vida Social. Las personas más felices se diferencian de las menos
felices en el hecho de que tienen una vida social rica y satisfactoria.
Pasan menos tiempos solos y la mayor parte de éste haciendo vida social.
Es directamente proporcional la relación vida social - felicidad, al
igual que el matrimonio - felicidad. Además, como ya se mencionó, la
gente más sociable (que también es más feliz desde un primer momento)
tiene más probabilidades de casarse, y en consecuencia, de mantener o
aumentar su felicidad.
• Emociones Negativas. El hecho de sufrir más desgracias de las
necesarias no implica que no se puede vivir también muchas alegrías.
Existen evidencias solidas que niegan una relación inversamente
proporcional entre emisiones positivas y negativas.-
Norman Bradburn, psicólogo y docente estadounidense, realizó miles de
encuestas esperando encontrar una relación inversa perfecta entre ambos
tipos de emociones, es decir, que las personas que experimentaban muchas
emisiones negativas serían las que experimentarían muy poca emotividad
positiva y viceversa. Solo encontró, al igual que muchos otros estudios,
que si la persona tiene una gran cantidad de emociones negativas en su
vida, quizás posea una emotividad positiva menor al común de la gente,
pero que por eso no está condenado a una vida sin alegrías. Del mismo
modo, si en su vida hay muchas emociones positivas, solo está protegido
de forma moderada de los pesares.
En cuanto a la relación emotiva y género, las investigaciones han
demostrado que las mujeres, en comparación con los hombres, experimentan
mayores emociones positivas y negativas tanto en frecuencia como
intensidad. Definitivamente, ellas están hechas de un «material
especial».
• Edad. En el estudio histórico de Warner Wilson que realizó en 1967,
se llegó a la conclusión que la juventud era predictora de mayor
felicidad. Sin embargo, un estudio realizado con 60.000 adultos de 40
países considera tres elementos constitutivos de la felicidad:
satisfacción con la vida, afectividad agradable y afectividad
desagradable. La satisfacción con la vida aumenta ligeramente con la
edad, afectividad agradable se reduce un poco y la afectividad negativa
no cambia lo que si varia a medida que envejecemos es la intensidad de
nuestras emociones. Tanto <<el sentirse en el cielo» como
<<en la más profunda de las desesperaciones» es menos habitual a
medida que se incrementan la edad y la experiencia (Martin Seligman,
psicólogo).
• Salud. Se piensa que la salud es crucial para la felicidad. Para
muchos es lo más importante en la vida. Sin embargo, hay que diferenciar
entre la salud objetiva y la salud subjetiva. La primera, es la
confirmada por el equipo
de salud, y la segunda, es la percepción que la persona tiene de su
estado de salud. Incluido el hecho de poder valorar su salud de forma
positiva aún cuando se encuentra bastante enfermo, lo que se considera
una buena capacidad de adaptación ante la adversidad. Las consultas
médicas y las hospitalizaciones no afectan satisfactoriamente con la
vida, sino a la valoración subjetiva de la salud, que a su vez está
influida por la emoción negativa.
Sabemos de casos de personas con cáncer, que se sienten optimistas y
satisfechos con la vida; y de otras que, al contrario, presentando un
buen estado de salud desearían no existir.
• Religión. Los afectos psicológicos positivos de la fe disminuyen de
manera significativa las probabilidades de consumir drogas, divorciarse,
asesinar, robar y suicidarse. También ayudan a disfrutar de mejor salud
física, y a vivir más años y a sentirse menos desconcertados ante el
divorcio, el desempleo, la enfermedad y la muerte. Los resultados de los
estudios señalados que los creyentes son más felices y más satisfechos
con la vida que los no creyentes. La práctica de una religión infunde
esperanza en el futuro y otorga sentido a la vida. Sheena Iyengar,
demostró en su tesis doctoral, que el aumento de optimismo que provoca
el incremento de la religiosidad se explica en su totalidad por la mayor
cantidad de esperanza. La relación entre la esperanza ante el futuro y
la fe religiosa es probablemente la razón de por qué la fe están eficaz
para combatir la desesperación y aumentar la felicidad.
En la próxima parte de este artículo describiremos la variable voluntad (V), de la llamada formula de la felicidad.
¡Dios los Bendiga y los guarde!
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