miércoles, 29 de agosto de 2012
   
 
 
Una vida truncada por la rabia y los celos
Foto: Cortesía
 
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Crimen pasional en Churuguara
Una carta narra por qué Luber mató a Johana

Elier Galicia
Fecha de publicación: martes, 08 de noviembre de 2011
Actualizado: 11:15 pm
 


En la casa número 9 de la calle Bolívar, entre Democracia y Las Flores de Churuguara, ocurrió uno de los hechos de sangre que más ha trastocado a la opinión pública falconiana: Luber Rafael Riera Castellano, de 45 años, asesinó a su esposa Johana Rosalía Romero de 31 años, y luego se suicidó.




En uno de los bolsillos del pantalón de Luber estaba una carta que explicaba el motivo que lo llevó a tomar la decisión, en algunos extractos pide perdón a su hija, a Johana, a la familia, "ustedes son mis tesoros, no sé qué haré sin ti. Perdónenme por lo que voy hacer, lo preferiste a él (se refiere a una tercera persona) que a mí, no serás feliz".



La rabia y los celos hicieron estragos y se conjugaron en un cuadro amoroso que era ajeno al resto de la familia. Nadie estaba al tanto de los problemas sentimentales de la pareja que ya llevaba 10 años de relación y tenían una hija de 9 años. Johana era Técnico Superior Universitario en Química y gerente de un agente autorizado de telefonía móvil. Luber Riera también era TSU en Instrumentación, trabajador jubilado de Pdv-sa y actualmente taxiaba, vivía en Coro; visitaba a Johana y a su hija todos los fines de semana.



El distanciamiento de la pareja -según allegados- se debía a que hace dos años la relación enfrentó una crisis que llevó a Johana a tomar la decisión de mudarse con su hija a la casa de su padre en Churuguara. Desde ese entonces ambos coincidían solo los fines de semana cuando Luber iba a visitar a su hija. A pesar de la dificultad, la pareja parecía haber superado el conflicto y la relación entre ambos se encaminaba a la reconciliación total.



Johana había adquirido solvencia económica estable, construyó un primer piso en la casa de su padre. Actualmente al inmueble le arreglaban algunos detalles para mudarse de manera definitiva. El viernes 4 de noviembre Luber llegó a la casa 9 de la calle Bolívar, ya era costumbre para la familia Romero compartir con él todos los fines de semana, en ese ir y venir la pareja no mostraba tener problemas y las contrariedades que una vez pudieron dañar la relación parecían haber quedado en el olvido.



Ese día (el viernes) la conversación que Johana y Luber sostuvieron fue crucial; de esa tertulia parte la génesis del crimen y aunque nadie sabe qué fue exactamente lo que ambos hablaron, lo recabado en la cocina de la casa donde ocurrió el hecho revela que la pareja tenía serios problemas. Presuntamente Johana había decidido acabar con la relación, es posible que esa noche le haya confesado a su marido que ya no había vuelta atrás, aseguró una fuente cercana a la pareja.



Planes rotos



El sábado 5 de noviembre las cosas entre Johana y Luber marchaban normales. Nadie imaginaba que ese día ellos se convertirían en los protagonistas de una historia con un final amargo, sangriento. Bien temprano ella se dirigió al agente autorizado de teléfonos que está ubicado en la calle Padre Aldana de Churuguara, al lado su padre administra un local familiar; a la par, Luber compraba unos cables para instalar un acondicionador de aire en la casa, todo indicaba que la mudanza era definitiva.



A las 11:30 Johana convino con su padre ir a la casa a preparar almuerzo para ambos y le manifestó estar de regreso en un tiempo no mayor de una hora. Esa fue la última vez que su papá habló con ella. La joven tomó rumbo a la casa sin saber que su vida ya pendía de un hilo. A esa hora su niña estaba con un familiar en una misa, solo Luber se encontraba en la vivienda.



Como suele pasar en este tipo de hechos nadie vio ni escuchó nada. El padre de la joven la llamó al teléfono en reiteradas ocasiones pero esta no respondió. Preocupado por no saber qué había pasado con Johana (a la 1:00 de la tarde) su papá decide ir a la casa y saber de la muchacha. El silencio reinaba en toda la casa, se dirigió a la cocina donde observó una escena de sangre y terror: Johana y Luber estaban muertos. Ambos tenían un disparo en la cabeza: ella quedó boca arriba, él en posición cú-bito izquierdo. Cerca de Luber quedó el revólver calibre 38, del otro lado los restos de las verduras que usaría para preparar el almuerzo.



Una carta,



una despedida



El hecho sorprendió no solo a la familia sino a la vecindad, "ellos tenían planes y una vida juntos, lo compartían todo", reveló un familiar de la pareja. Sin embargo, pareciera que Luber no estaba dentro de los planes que Johana se había trazado.



Se supo que la conversación que ambos sostuvieron el viernes fue puntual, todo indica que ese día ella le confesó que ya no quería seguir la relación y que en su vida había otra persona.



En las familias Romero y Riera hoy reina el dolor, la tristeza y el desconcierto, todavía no hay respuestas a las interrogantes. Nadie sabe con exactitud qué fue lo que llevó a Luber a tomar la nefasta decisión de matar a su mujer y luego suicidarse, en los archivos del Cicpc reposa este expediente, uno de tantos similares que demarcan una delgada línea de lo que un ser humano es capaz de hacer por celos.
 
 
 
 
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